Son abundantes las reclamaciones judiciales de indemnización derivadas de un resbalón en establecimiento abierto al público y que se dirigen contra el titular de éste (por ejemplo, el cliente resbala sobre una mancha de aceite y cae al suelo lesionándose). En relación a dichas reclamaciones podemos hacer las siguientes consideraciones:

1º. Su fundamento jurídico se halla en el artículo 1902 del Código Civil (que establece que el que, con culpa, causa daño a otro debe reparar el daño causado) o incluso en el artículo 1903 del Código Civil, que establece que el dueño o director de un establecimiento o empresa responderá por los perjuicios causados por sus trabajadores en el servicio de los ramos en que estuvieran empleados o con ocasión de sus funciones, salvo que prueben que actuaron diligentemente para evitar el daño

2º. El importe reclamable dependerá del daño sufrido, particularmente del tiempo que el perjudicado haya tardado en sanar y de las secuelas que le han quedado.

3º. En el procedimiento judicial que se articule habrá que probar tanto la causa del hecho (en el caso del ejemplo antedicho, que la caída obedeció a que en el suelo del establecimiento había aceite) como el daño habido; la causa del siniestro puede probarse, por ejemplo, mediante testigos (preferiblemente, por resultar más creíbles, mediante personas no vinculadas al reclamante), grabaciones de cámaras de seguridad o un reconocimiento explícito del propio establecimiento, y el daño deberá probarse mediante el informe de un perito médico (sin tal informe poco o nada podrá hacerse en esta clase de reclamaciones).

En relación a esta clase de reclamaciones cabe citar, en términos de expresar cuál es la postura que nuestros tribunales vienen manteniendo al respecto, las siguientes sentencias: la sentencia de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, sección 1ª, de fecha 07/10/2010, ponente José Ramón Navarro Miranda, referencia El Derecho EDJ 2010/366373 (“esta Sala comparte el criterio del Juzgador “a quo” de que la caída se produjo al resbalarse la recurrida al pisar un líquido, posiblemente café con azúcar, produciéndose diversas lesiones, como resulta de la declaración del testigo que presenció los hechos, debiéndose añadir que ya en el parte de accidente (folio 13 del procedimiento) se habla de: agente material asociado a la desviación…otras suelos resbaladizos, incluso debido a líquidos (excepto agua, grasa…) o sustancias derramadas por el suelo…aceite, grasa… Por otro lado, no aparece indicio alguno de que el café se le cayera a la propia víctima, como mantiene el recurrente en esta alzada, dado que la actora no se fue inmediatamente al puesto de trabajo una vez servido el café, sino que pasó un lapso de tiempo entre ambos momentos. Por tanto, el estado del suelo de la cafetería en que se produjo la caída determina la concurrencia de una omisión culposa o negligente de la que deben responder la entidad demandada, existiendo relación de causalidad entre el estado del suelo, sin duda resbaladizo, y la caída de la actora, o si se prefiere, entre la referida negligencia y las lesiones sufridas por la actora como consecuencia de esa caída. Es claro, pues, que no concurre ninguna culpa de la demandante y sí la negligencia de la mercantil demandada; más aún si se tiene en cuenta que, aunque el artículo 1902 del Código Civil descanse en un principio básico culpabilista, la diligencia requerida comprende no sólo las prevenciones y cuidados reglamentarios, sino además todos los que la prudencia imponga para prevenir el evento dañoso, con inversión de la carga de la prueba y presunción de conducta culposa en el agente, así como la aplicación, dentro de prudentes pautas, de la responsabilidad basada en el riesgo, aunque sin erigirse en fundamento único de la obligación de resarcir, todo lo cual permite entender que para responsabilizar una conducta no sólo ha de atenderse a esa diligencia exigible según las circunstancias personales de tiempo y lugar, sino además al sector de tráfico o entorno físico y social donde se proyecta la conducta, para determinar si el agente obró con el cuidado, atención y perseverancia apropiados y con la reflexión necesaria para evitar el perjuicio (T.S. 23 de marzo de 1984, 1 de octubre de 1985, 17 de noviembre de 1986, 17 de julio de 1987, 28 de octubre de 1988, 19 de febrero de 1992 y 30 de diciembre de 1995 y 7 de abril de 1997, entre otras)”); y la sentencia de la audiencia provincial de Murcia, sección 5ª, de fecha 28/05/2010, ponente José Manuel Nicolás Manzanares, referencia El Derecho EDJ 2010/136702 (“en relación con caídas en edificios en régimen de propiedad horizontal o acaecidas en establecimientos comerciales, de hostelería o de ocio, muchas sentencias de esta Sala han declarado la existencia de responsabilidad de la comunidad de propietarios o de los titulares del negocio cuando es posible identificar un criterio atributivo de responsabilidad en el titular del mismo, por omisión de medidas de vigilancia, mantenimiento, señalización, cuidado o precaución que debían considerarse exigibles. Pueden citarse, en esta línea, las Sentencias de 21 de noviembre de 1997 (caída por carencia de pasamanos en una escalera); de 2 de octubre de 1997 (caída en una discoteca sin personal de seguridad); de 10 de diciembre de 2004 (caída en las escaleras de un gimnasio que no se encontraba en condiciones adecuadas); de 26 de mayo de 2004 (caída en unos aseos que no habían sido limpiados de un vómito en el suelo); de 31 de marzo de 2003 y 20 de junio de 2003 (caída en una zona recién fregada de una cafetería que no se había delimitado debidamente); de 12 de febrero de 2002 (caída durante un banquete de bodas por la insuficiente protección de un desnivel considerable); y que por el contrario, no puede apreciarse responsabilidad en los casos en los cuales la caída se debe a la distracción del perjudicado o se explica en el marco de los riesgos generales de la vida, por tratarse de un obstáculo que se encuentra dentro de la normalidad, o tiene carácter previsible para la víctima. Así, se ha rechazado la responsabilidad por estas razones en las Sentencias de 28 de abril de 1997, 14 de noviembre de 1997 y 30 de marzo de 2006 (caída en restaurante de un cliente que cayó al suelo cuando se dirigía a los aseos por escalón que debía ser conocido por la víctima); 2 de marzo de 2006 (caída de una persona que tropezó con una manguera de los servicios municipales de limpieza que no suponía un riesgo extraordinario y era manejada por operarios con prendas identificables); 17 de junio de 2003 (daño en la mano por la puerta giratoria de un hotel que no podía calificarse de elemento agravatorio del riesgo); 6 de febrero de 2003, 16 de febrero de 2003, 12 de febrero de 2003, 10 de diciembre de 2002 (caídas en la escalera de un centro comercial, en las escaleras de un hotel, en el terreno anejo a una obra y en una discoteca, respectivamente); 30 de octubre de 2002 (caída de la víctima sin causa aparente en un local); 25 de julio de 2002 (caída en una discoteca sin haberse probado la existencia de un hueco peligroso); 6 de junio de 2002, 13 de marzo de 2002, 26 de julio de 2001, 17 de mayo de 2001, 7 de mayo de 2001 (caídas sin prueba de la culpa o negligencia de los respectivos demandados); de 11 de febrero de 2006 (caída en una cafetería-restaurante por pérdida de equilibrio); de 31 de octubre de 2006 (caída en un local de exposición, al tropezar la cliente con un escalón que separaba la tienda de la exposición, perfectamente visible); de 29 de noviembre de 2006 (caída en un bar); de 22 de febrero de 2007 (caída en un mercado por hallarse el suelo mojado por agua de lluvia), y de 30 de mayo de 2007 (caída a la salida de un supermercado). Como corolario a lo hasta aquí expuesto, merece precisarse que, con carácter general, la consolidada doctrina del Tribunal Supremo, tratándose de caídas en establecimientos abiertos al público, considera necesario que el estado resbaladizo del suelo sea inequívocamente acreditado así como que aparezca de manera patente la omisión de la consecuente y necesaria actividad de limpieza. Pues bien, sentado lo anterior, en este caso no yerra la sentencia apelada cuando afirma que “fue una celebración en la que cayeron muchas copas al suelo, derramando líquidos”; que “La falta de secado del suelo al observar que las copas caían al suelo e incluso que uno de los invitados a la ceremonia descorchaba una botella y derramaba su contenido, determina la concurrencia de una omisión culposa o negligente de la que deben responder los demandados”; y que existe relación de causalidad entre el estado del suelo, sin duda resbaladizo, y la caída del actor, o, si se prefiere, entre la referida negligencia y las lesiones sufridas por el actor como consecuencia de esa caída. En efecto, según lo manifestado por el legal representante de la mercantil demandada, en la prueba de interrogatorio, y, en la prueba testifical, por los empleados de aquélla D. Juan Carlos, Dª Begoña y D. Andrés, con motivo de la celebración del banquete, habrían contratadas dos personas encargadas de la limpieza, pendientes, como dice el Sr. Juan Carlos, del derramamiento de líquidos en el suelo para proceder a su limpieza. Ahora bien, ya es llamativo, y así lo señala la Juez, que esas encargadas de la limpieza no hayan sido traídas a juicio como testigos, y en ese acto sí declaran en esa condición tres invitados a la boda, D. Damaso, D. Federico y Dª Herminia, que coinciden en señalar que, pese a que caían vasos y líquidos, nadie realizó labores de limpieza antes del accidente, dando lugar a que el suelo del establecimiento estuviera sucio, mojado por las bebidas derramadas – encharcado, llega a decir la Sra. Herminia – y, además, con cristales o vidrios; y difícilmente cabe admitir la posibilidad de que a esos testigos les hubiera podido pasar desapercibida la labor de las personas encargadas de la limpieza, pues, además de ser tres, el Sr. Juan Carlos (metre del restaurante), a preguntas de la Letrada del demandante, admite que para la limpieza había que encender las luces. Por otro lado, en contra de lo que se aduce en el recuro, también dichos invitados a la boda fueron testigos de cómo el demandante cayó al suelo, asegurando, como se recoge en la resolución impugnada, que “la caída se produjo al resbalar el actor por el líquido que había en el suelo”, describiendo cómo el actor se dirigía hacia la zona de baile andando con normalidad hasta que resbaló, lo que, como se puede observar con el visionado de la grabación de la vista, incluso describen con movimientos corporales. A ello se suma que la Juez de instancia, una vez más, no yerra al señalar en su sentencia, que no queda probado que el actor de descorchara una botella de champán y esparciera todo su líquido por el suelo ni tampoco que fuera en estado de embriaguez -lo que se sostenía en el escrito de contestación a la demanda para sostener su responsabilidad-. Es claro, pues, que no concurre ninguna culpa del demandante y sí la clara negligencia de la mercantil demandada, PREVAGAR, S.L. (RESTAURANTE NUEVO JARDIN BOTANICO); más aún si se tiene en cuenta que, aunque el artículo 1902 del Código Civil descanse en un principio básico culpabilista, la diligencia requerida comprende no solo las prevenciones y cuidados reglamentarios, sino además todos los que la prudencia imponga para prevenir el evento dañoso, con inversión de la carga de la prueba y presunción de conducta culposa en el agente, así como la aplicación, dentro de prudentes pautas, de la responsabilidad basada en el riesgo, aunque sin erigirse en fundamento único de la obligación de resarcir, todo lo cual permite entender que para responsabilizar una conducta no solo ha de atenderse a esa diligencia exigible según las circunstancias personales de tiempo y lugar, sino además al sector de tráfico o entorno físico y social donde se proyecta la conducta, para determinar si el agente obró con el cuidado, atención y perseverancia apropiados y con la reflexión necesaria para evitar el perjuicio (T.S. 23 de marzo de 1984, 1 de octubre de 1985, 17 de noviembre de 1986, 17 de julio de 1987, 28 de octubre de 1988, 19 de febrero de 1992 y 30 de diciembre de 1995 y 7 de abril de 1997, entre otras).”).

En definitiva, cuando un cliente cae, lesionándose, en un establecimiento público podrá obtener una indemnización si es capaz de probar qué la caída se debió a una falta de cuidado del titular del negocio e igualmente prueba los daños sufridos.

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